El
texto que se pretende escribir, derivado de este proceso de guión, es en suma
una reflexión desde la ética de los sentidos, desde el uso de la narrativa para
entrar al campo “de lo dicho” y mostrar, como objetivo mayor, las relaciones de
los sujetos en el largometraje “Time” de Kin Ky Duk. Dentro de la argumentación
de la entrada de blog habrá lugar para nombrar a otras ramas de las ciencias
humanas como la psicología, el psicoanálisis y la lingüística, de formas tanto
directas como indirectas. El texto a mostrar se presenta como una ampliación a
la materia “Filosofía del Lenguaje” y aunque en el presente trabajo no hayan
reflexiones o apartados de filósofos como Benjamin, Nietzsche o Wittgenstein,
hay otras reflexiones alrededor de la filosofía que se tratan con profundidad.
Tomando a Barthes como postulado del trabajo, el terreno sobre la imagen es un
lugar ganado, puesto que la imagen fotográfica, tema amplio que se tratará en
la entrada, tendrá un lugar significativo en el texto.
Así
pues, este texto es una oportunidad para escribir con esta premisa como
argumentación previa, y que funcionará como direccionamiento del texto, siendo
guía y regla del trabajo mismo.
Sobre
el Mar del Tiempo: Time de Kin Ky Duk
Ante
la concepción desfigurada de nosotros
mismos poco podemos hacer. Y es que quizás en el capricho de ir contra el
tiempo de las sociedades modernas nos encontramos contra la peor de las marcas,
no las del cuerpo, sino esas marcas que se quedan sin cicatrizar en la mente. Y
poco podemos hacer los humanos contra el acaecer de la vida, la muerte nos
llega lento, pero llega. Quien en su desdén no encuentre el remedio y la cura
contra el tiempo, se lanza al abismo del deterioro y se entrega de lleno a los
atisbos del miedo y la zozobra; y el tiempo llegará, con más prontitud porque
exigen de él, lo piden a gritos. Y el cuerpo se marchita, se caen los
empoderados cabellos, llega la locura disimulada y se posa sobre sus hombros el
peso de la muerte. Y el tiempo apremia y recupera lo que siempre fue suyo.
Kin
Ky duk nos involucra en un dialogo entre el desvanecer del tiempo y el
aparatoso armamento humano en contra de ello. Para el filósofo francés Roland
Barthes (1990. Pág. 151) el tiempo es una contingencia del pasado, que hace
historia, y sucede en el transcurrir del movimiento. Así pues, el tiempo es,
una gran ola que ondula con ritmo contenido el momento transcurrido, y el que
transcurrirá. Y nos encontramos con See- hee, la protagonista de su Película Time (Sai Gai) nos deja ver las
preocupaciones de una mujer ante lo que se es y lo que no. Ante lo que nos roba
el tiempo y ante lo que le entregamos sin poner resistencia. Nos encontramos en
su inicio con una pareja de novios, cuya relación, alrededor de un par de años,
empieza a colarse en las filas de la inseguridad. See-hee y Ji- woo se sientan
en un café, y pelean por la repentina observación de parte de Ji-woo a otra
mujer, See- hee lo enfrenta y aparece en el lenguaje su primera marca
desfigurada “¿Te cansaste de mi cara?”
Aquella sentencia da pie a todo el trasfondo del largometraje y lo configura.
Daremos un breve análisis a esta obra cinematográfica desde varias aristas.
Las Fotografías
Roland
Barthes, el filósofo y semiólogo francés en su libro La cámara Lúcida nos da muchas luces sobre el cómo examinar las
fotografías desde esta película. En su prólogo, del escritor Joaquim
Sala-Sanahujanos revela como una suerte de premonición que “este libro
defraudará a los fotógrafos” (Barthes, 1990, Pág.24) no como una sentencia
sobre su narrativa que puede desmesurarse en cuanto a tratados de la imagen se
supone, ya que no contiene una examinación lúcida al problema técnico de la
imagen, desde una perspectiva de la ingeniería del cine, sino más bien, como un
proceso artificioso que se compone de muchas caras, desde la reflexión
semiológica, hasta el tratado de la imagen como un atisbo de muerte, y en sí
misma, como una forma tenue de resolución a la vida y al lenguaje de lo no
dicho. El lenguaje de las fotografías, parafraseando a Barthes (1990), no es tanto lo que se fue, sino demostrar lo
que se ha sido (Pág.28). Esto en Time,
es crucial para entender que aquello a lo que se ha aferrado See-hee no es más
que aquello que se ha negado ser.
En
la película el hecho de que Ji-woo sea fotógrafo no es al azar, ante su lente
ha quedado algo plasmado, inmutable e irrecuperable: La figura de See-hee, a
quién amó, y su habitación cubierta con el recuerdo de aquello que se vivió
refiere, en metáfora, a la muerte, de aquello que se encuentra perdido y que en
suma, es irrecuperable; para Ji-woo la figura de la mujer que ha desaparecido
en su vida y que observa por medio de la fotografía es algo que ha quedado
atrás, no solo porque el tiempo no le permitirá recuperar, ni devolviendo sus
pasos, el mismo tono del cielo sobre la escultura de las manos, o el oleaje que
amenaza con extenderse sobre el parque,
la mujer que se encuentra a su lado, ni ella ni su rostro volverán a ser
lo que eran. See-hee ha muerto. Quién renace solo es creación de la necesidad
de la nueva mujer. Con el cambio de su rostro no solo hay una trasformación,
hay una negación absoluta a lo que se fue. La mujer fotografiada ha sido y no
volverá, aunque en el fondo de su nuevo rostro sea la misma, algo ha dejado de
ser al abandonar su rostro. Las fotografías son el único testigo que conserva
huellas palpables de lo que fue. La estatua de las manos en las que se encuentra
sentada la ha dotado de su misma quietud.
La
nueva mujer que ha decidido sepultar a la anterior, desea retornar a los brazos
de su amado, Ji-woo, pero ¿La aceptación de Ji-woo hacia la nueva mujer es
señal de olvido a la antigua See-hee o es acaso que se ha enamorado de la misma
esencia? Aquí, el amor es difuso, de lo que nos enamoramos es más que un
rostro, pero también es eso, y lo otro, aquello que se observa y lo que no, lo
que se percibe y lo que es indivisible. See-hee, bajo el rostro de la nueva
mujer, reaparece a medida que la nueva relación avanza con el tiempo, y atrapa
a Ji-woo, lo mueve de nuevo a su búsqueda, sin saber siquiera que aquello que
amó y aquello que empieza a querer son la misma persona. See- hee lleva el
juego al límite, y utiliza una vieja fotografía como máscara para aparecer ante Ji-woo. Le revela la
verdad. Y él huye, despavorido, le da asco la nueva y la antigua mujer. Solo la
fotografía de ambos será la muestra de lo que fueron.
La Máscara
La
utilización de una fotografía pensada como instante muerto en el pensamiento de
Barthes, es en suma una forma de mostrarse perpetuo en la cinta. La utilización
de este recurso por parte de See-hee ante el espectador puede suscitar varias
reacciones, entre ellas el temor y la ansiedad. Ji-woo no es ajeno a estas
emociones y escapa, detesta que aquello a lo que amó ya no esté presente, a
pesar de que aquella que se encuentra bajo la máscara es ella misma
transformada. Pero en el proceso See-hee ha dejado de ser, no tanto porque su rostro
no sea el mismo, sino porque se ha adaptado al cambio. Y esta resiliencia
obligatoria lleva a See-hee a apreciarse. Ya no se desprecia por no ser quién
era, pero no se reconoce por tanto era. Ha nacido una nueva mujer que no es el
producto de lo que se fue, y se convierte en un experimento del tiempo.
El
tiempo ha puesto sobre los dos sujetos una nueva distancia. See-hee y Ji-woo
rompen con sus propias cadenas físicas.
Para
Barthes, la fotografía adquiere su máximo valor cuando aquello que se muestra
en ella ha desaparecido como referente, y su regreso es irreversible. Esta
premisa de Barthes es precisa para destacar en See-hee el tema del tiempo.
Puesto que ella, con máscara sobre su nuevo rostro se convierte en su propio
referente. La imagen sonriente de See-hee hecha fotografía ha alcanzado el
máximo de los logros: se ha convertido en auto-referencia del Tiempo. El que ha
acaecido y el que renace y se renueva. Ambas See-hee, en una sola persona son
imposibles de separar como referencia. Para Barthes (1990) la esencia de la
fotografía es precisamente esta obstinación del referente en estar siempre
ahí.
El Mar del Tiempo
El lugar en el que Ji-woo ve a
una mujer misteriosa con una máscara y luego a See-hee es el parque de las
esculturas de Baemigumi. Este parque a
solo 15 minutos en barco desde Seúl es propiedad del artista Lee Il-ho se
extiende por la playa. Las esculturas simbolizan el amor, el erotismo y el
dolor, temas recurrentes en la obra de Lee, nacido en 1946 y marcado por una
infancia solitaria y llena de dificultades. Su espacialidad le han permitido
que las mareas bajas y altas empañen sus obras y puedan sumergirse sin ninguan
dificultad al caer la tarde y traer consigo las grandes olas del mr. Y es
quizás en esta esta particularidad que las obras adquieren otro valor mucho más
profundo. Y el pensamiento de aquel brazo escultural sobre el que posan para su
foto See-hee y Ji-woo sobre el agua nos retorna a un pensamiento de Heráclito
sobre el fluir, y su habilidad para transformarse. See-hee ha cambiado, ha sido
su decisión, Ji-woo se somete al cambio, llevado a esta producto del desorden
de su novia.. El mar es un tiempo que nos termina por evocar en la
inconsistencia. La marea del tiempo amenaza con llevarse todo aquello que ya no siente como propio.
Que ha dejado de ser. See-hee se ha adaptado al cambio. Y remonta la marea sin
dificultad.
En el final que nos deja más
sinsabores que conclusiones validas, Ji-woo aparentemente muere, sin definirse
pero nos quedamos viendo con la sospecha de que aquella pareja ha roto producto
de la muerte. Antes de esta muerte, Ji-woo había planeado una serie de
persecuciones de hombres hacia ella con la esperanza que solo ella lo pudiese
reconocer ante su cambio. ¿Ella al verlo moribundo en l calle comprendió que
seguía vivo o lo reconoció en su desfiguración producto del accidente? Sus
manos son la única certificación de que ha muerto. El tiempo ha retornado a
elos con su intención, lo devora, las esculturas en el parque se hunden ante la
inmediatez del cambio Y aquí la marea ha decidido llevarnos a todos en el mismo
viaje.
La película de Kin Ky Duk, más
que ser un intento por desmarañar las relaciones humanas, nos lleva al límite
de la sensatez y en el lugar que damos a
la imagen. Con él, solo nos queda entender su obra como una mecánica del
lenguaje, en donde han tenido lugar las grandes tragedias humanas. Time, en su
ola, ha levantado en rastre la vida humana. La fotografía de ambos sentados en
los brazos de la obra amenaza con destruirlos. Ambos no tienen lugar en este
mundo de insatisfacción. La Ola llega, el tiempo ha tomado lo que es suyo. Nada
puede descarriar de su camino el agua que encausa.
SEE HEE EN EL PARQUE BAEMIGUMI
Año: 2006
SEE HEE Y JI WOO EN LA CAMA
Año: 2006
ARMAZÓN DE ROSTRO
Año: 2006
LA MÁSCARA DE SEE HEE
Año: 2006
SEE HEE Y LA ESTATUA DEL PLACER MASCULINO
Año: 2006
LA CÁMARA LÚCIDA
“«Este
libro defraudara a los fotógrafos», Había advertido el mismo Barthes poco antes
de su aparición. Pues nada tiene de común con un estudio de las técnicas
Fotográficas 0con el análisis de los estilos, y ni tan solo se detiene en 10 que
constituye formalmente la Finalidad última de los estructuralistas: la
clasificación” (Pág. 12)
Sobre el tiempo: “Toda
fotografía es un certificado en el Tiempo. El tiempo es (…) un monstruo que
lucha por ser un todo obsesivo” (Pág.159).
Autor: Roland Barthes
Año: 1990





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